¿Desconectar o conectarse?

¿Desconectar o conectarse?

Se acerca septiembre y aunque este año sea tan extraño y los ciclos a los que estamos acostumbrad@s no se cumplan en muchos casos, para algun@s sigue significando la vuelta al trabajo y el fin del período vacacional.

Hasta que eso suceda es habitual escuchar que el deseo para las vacaciones es desconectar. Me pregunto, ¿de qué se necesita desconectar? Aunque pueda entender esas ganas de salir de la rutina, de romper un poco con la costumbre cotidiana, me planteo si tener una fuerte necesidad de “desconectar” no nos estará hablando también de que en nuestra vida habitual otras necesidades importantes no están cubiertas y si es así en parte porque nuestras obligaciones nos llevan a funcionar de manera automática sin permitirnos sentir qué necesitamos en el día a día.

Me parece triste, sobre todo porque si vivimos así once de doce meses al año, quiere decir que nos vamos a permitir hacer lo que realmente deseamos y/o necesitamos, algo así como un año de los próximos doce. Tres tal vez, a lo largo de nuestra vida laboral.

Creo que las vacaciones son un período que podemos aprovechar para parar y plantearnos qué queremos realmente, qué necesitamos, qué está en nuestras manos para acercarnos a hacer realidad aquello que soñamos, si es que nos escuchamos como para tener claro cuáles son esos sueños. Por eso, prefiero plantear que tenemos la oportunidad no de desconectar sino de “conectarnos” con nosotr@s mism@s, para permitirnos sentir cuáles son nuestras necesidades y cómo podemos cubrirlas. Y a partir de ahí, tomar las decisiones que nos lleven a que esa conexión se mantenga también durante todos los meses en los que estamos trabajando.

Estamos viviendo una realidad laboral y no solo laboral complicada. Por eso más que nunca considero necesario darnos el espacio para contactar con nuestras emociones aunque a veces no sean agradables. Aprovechemos entonces para conectarnos. El miedo, la incertidumbre, la inseguridad nos hablan de necesidades que no por tapar, vamos a dejar de tener. Por mi experiencia, suele suceder al revés lo que ignoramos suele hacerse más grande, porque nuestra voz interna por mucho que hayamos aprendido a callarla tiene una fuerza increíble, la fuerza de la verdad.